Los largos paseos por la montaña son uno de los ejercicios preferidos de los perros, correr arriba y abajo en plena naturaleza parece que les dé un aporte extra de vitalidad. Sin embargo, hay épocas en las que hay que tomar precauciones, sobre todo con perros glotones y ése es el caso del otoño, en el que gran profusión de setas afloran a la superficie para deleite de muchos y problemas de otros.
Este es el caso de Pancho, un Beagle glotón de ocho años que vino a nuestro servicio de urgencias veterinarias con una intoxicación por setas.
Pancho y su familia, tras un largo paseo por el campo, regresaron a casa y a las pocas horas Pancho empezó a presentar un cuadro agudo de vómitos y diarreas hemorrágicas muy intensas que lo dejaron en estado de shock y tan débil que no podía sostenerse en pie.
Rápidamente lo trajeron al Servicio Veterinario de Urgencias de la Clínica Veterinaria Son Dureta. Pancho llegó con un shock hipovolémico, (falta de oxígeno en órganos y tejidos debido a la pérdida tan grande y aguda de líquidos y sangre) sus mucosas estaban muy pálidas, su pulso era débil y su temperatura corporal muy baja. Se realizaron analíticas, donde no se identificaron órganos internos dañados aunque las enzimas hepáticas estaban alteradas y por supuesto, las alteraciones del sistema digestivo asociadas a su estado.
Pancho requería una actuación veterinaria intensiva y urgente, inmediatamente se administraron fluidos por vía intravenosa y una transfusión de plasma, con el objetivo de corregir su deshidratación, coagulación y restaurar su volumen de líquido circulante. Le aplicamos calor para recuperar su temperatura corporal y toda la medicación de apoyo necesaria para ayudar a su estómago e intestinos a recuperarse (protectores gástricos, antibióticos, analgésicos, protectores hepáticos y vitaminas).
En un principio tuvimos dudas sobre qué le había causado el problema aunque claramente sospechábamos una intoxicación, ya que aunque los cuidadores de Pancho no le habían visto comer nada en especial durante el paseo, nuestro pequeño Beagle había ido suelto. Sí sabían que había comido restos calientes de pescado y patatas que se les habían quemado, pero… ¿justificaba esto el estado tan grave en que ingresó Pancho? Pues bien, la respuesta nos la dio él mismo ya que vomitó gran cantidad de setas en la clínica. Confirmamos que en la zona donde habían paseado había multitud de setas venenosas y debido al apetito voraz de Pancho, éste las había ingerido.
Por desgracia, algunas setas venenosas tienen sabor dulzón y a pesar de su color llamativo, nada hace sospechar a los perros que son extremadamente venenosas
Tras cinco días de hospitalización en cuidados intensivos pudimos darle el alta hospitalaria y seguir en hogar con la medicación. Pancho se ha recuperado bien, ya vuelve a estar alegre, con ganas de pasear, y por supuesto de comer.
En Baleares podemos encontrar setas durante prácticamente todo el año, sin embargo en otoño y principios de invierno estos hongos emergen con gran fuerza y variedad. Debemos tener especial cuidado con nuestros animales y prevenir intoxicaciones ya que aunque muchos de ellos saben distinguir las setas venenosas de las comestibles, un pequeño error al igual que en los humanos, puede acarrear graves consecuencias.
La intoxicación por setas, al igual que en las personas puede dañar órganos como el hígado o los riñones y causar la muerte.
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Debido a que las condiciones meteorológicas de los últimos años lo han propiciado todos los pinares de Baleares están infestados de una oruga que comúnmente llamamos procesionaria. Estas orugas suponen un problema para las personas pero, como veremos, es muy peligrosa para nuestros perros y especialmente para los cachorros.
Después de permanecer durante todo el invierno en unas bolsas de seda colgadas en los pinos, muy características y fáciles de distinguir, con la subida de la temperatura del final del invierno, las orugas de la Procesionaria se disponen en una hilera, bajan de los árboles y buscan un sitio adecuado bajo tierra para efectuar su muda. Esta “Procesión” (de donde toma el nombre común este lepidóptero), les llama mucho la atención a los perros que se acercan, las huelen, juegan con las orugas y en muchas ocasiones las cogen con la boca.
Desgraciadamente estas orugas presentan, en su parte superior, unos pelos urticantes, similares a las púas de algunos cactus, cargados con una substancia tóxica que suelta a modo de defensa cuando se ven amenazadas. Estas púas se clavan rápidamente, clavándose muy rápido cuando se tocan y liberan el veneno. A consecuencia de ello, esta toxina una vez inoculada, provoca una irritación muy fuerte, similar a una quemadura en la zona de contacto directo y sobre todo en la
piel de la cara, los labios, la lengua y la mucosa oral provocando al instante un cuadro clínico muy doloroso con picores, que de no tomarse medidas puede provocar una fuerte inflamación que puede bloquear incluso las vías respiratorias, heridas que al estar en la boca, además se infectarán, pudiendo provocar incluso la necrosis de las parte infectadas, dándose casos de perdidas parciales de la lengua.





